La hipocresía del ser humano
Todavía me sorprende, y mucho, ver que hay gente capaz de adoptar esa doble cara, esa falsa sonrisa y esa mirada de inocencia, cuando por dentro o por detrás, anda diciendo mil maldades de sus supuestos amigos o compañeros.
Han pasado dos meses desde que empecé a trabajar en la tienda de ropa. Estoy muy a gusto, estoy muy contenta, todos lo sabéis, a pesar de que al principio he tenido algún que otro momento de tensión.
Siempre he sido una persona bastante camaleónica, con eso quiero decir que me adapto a las situaciones, a las circunstancias, con mucha facilidad y que sin perder mi esencia, procuro, más aún cuando me interesa, observar con precisión el comportamiento de determinadas personas y seguirles un poco la corriente.
Eso ha hecho que me acabe llevando bien con todas mis compañeras, porque intento trabajar con ellas de la manera que les gusta y sin poner trabas, no por falsedad, sino por comodidad. Qué cuando tengo que dar mi opinión la doy sin problemas, eso siempre, aunque no busco conflictos absurdos, sobretodo en el ámbito laboral. Creo que cada uno debe saber estar en su lugar cuando le corresponde, que todo se andará y no por correr mucho se llega antes a determinados lugares.
El hecho de llevarme bien con todas ha hecho que empiecen a confiar en mí y que hablen sin tapujos cuando yo estoy presente.
Cuando entré a trabajar, lógicamente, no me contaban nada porque no me conocían, pero ahora ya soy una más del grupo y eso me permite estar presente en esas conversaciones a media voz que antes me eran vetadas.
Es ahí cuando he descubierto esa hipocresía que me pone enferma. Todas somos muy amigas cuando estamos juntas, pero cuando una se va, las otras la ponen a parir sin miramientos, pero vamos, que la despellejan viva... ¡Qué horror!... y luego cuando vuelve, otra vez a sonreírle y a reírle las gracias.
De pronto me he visto inmersa en una situación en la que mi compañera A dice que odia a mi compañera B y me pide por favor que no diga nada a nadie.
Entonces llega mi compañera B y me dice que mi tercera compañera C es una bruja sin escrúpulos y también me pide por favor que no comente nada con nadie.
Otro día llega la compañera C y me dice que las chicas A y B son unas zorras, pero que ni se me ocurra comentarlo con nadie y mi compañera D, que ahora está de vacaciones y encima es la encargada, es una imbécil de cuidado, en eso coinciden A, B y C.
Me hace gracia porque yo soy la única que lo sabe todo de todas (aunque no lo que seguramente dirán de mi) y que no puede decir nada, porque lo ha prometido y al final acabo convirtiéndome en una hipócrita como ellas, haciendo ver que no pasa nada cuando en realidad sé que entre unas y otras no se soportan.
Será que siempre he sentido cierto instinto de protección hacia los más débiles, pero no puedo evitar decantarme hacia una de mis compañeras, curiosamente con la que tuve ese choque de impresiones al principio de entrar a trabajar y con la que ahora está naciendo una amistad sincera.
Van a por ella, la quieren sacar de la tienda y yo soy testigo de lo que se está cociendo y lo siento, pero me he visto en la obligación de advertirla y además lo he dicho claramente, por lo menos yo no me ando por detrás, así que las otras son conscientes de ello. Lo peor del caso es que eso no las frena a la hora de hablar mal de la otra delante de mí.
Llevamos un par de semanas tensas, el ambiente está cargadito. Dos de mis compañeras ya sólo se hablan de trabajo, nada más, se evitan cuanto pueden.
Yo procuro mediar y calmar el ambiente, intento reconciliarlas, pero la cosa está complicada. Me dolería que por absurdas disputas se estropeara el buen ambiente que hasta ahora estaba reinando en la tienda y nos salpicara a todas.
En fin, que me desahogo un poco, porque como en la tienda ha llegado un punto en el que no sé con quién puedo hablar sobre qué, pues acabo incluso estresada. ¡Coño, qué falsa es la gente!...





Euximena dijo
Te diría que bienvenida al mundo real, pero tampoco quiero ser cínica la priemera vez que comento en este blog.
Yo es que nunca he tenido dudas al respecto, desde niña fuí consciente de la maldad y falsedad del ser humano. En el colegio viví situaciones como las que describes, conspiraciones, mentiras, y aún peor, medias verdades, hacer daño por el mero placer de hacerlo.
Entonces eran cosas de niñas, tonterías, pero la mala idea era la misma que luego he vuelto a encontrarme en todos los trabajos que he tenido, naturalmente a mayor escala, mucho peor, con más rabia y maldad.
Me encanta conocer gente realmente sincera y conciliadora como tú, ya me gustaría tenerte por compañera, que no andamos sobrados de gente así. Entre otras cosas, porque he llegado a la triste conclusión de que la mayoría de gente es egoísta, mentirosa y aprovechada, al menos cuando sacan algún beneficio, cuando les conviene serlo. No te harán nada si no las estorbas, pero en cuanto obtengan un mínimo beneficio de acabar contigo lo harán sin piedad y sin el menor remordimiento.
Si me permites un consejo, algo osado porque no te conozco y no debiera aconsejarte sin conocerte, mantente al margen todo lo que puedas. Aún así es probable que algo te salpique, pero si te metes al lío no podrás evitar ponerte en el punto de mira de alguna de tus compis.
19 Agosto 2009 | 11:16 AM