Nostalgia
Hay días en los que me paro y vuelvo la vista atrás. Veo las cosas que he perdido, las que he dejado a mitad del camino, las que nunca tuve el valor de hacer.
Supongo que a todos nos pasa, además es bien sabido que siempre tendemos a pensar y a recordar con mayor facilidad las experiencias negativas que no las positivas, a no ser que estas últimas hayan sido de extrema felicidad.
A veces pienso en esa amiga que perdí, en ese chico fabuloso que conocí aquel verano y que no tuve valor de volver a llamar, en lo que hubiera pasado si en vez de colgar los estudios hubiera hecho una carrera, en dónde estaría ahora si no hubiera dejado aquel primer trabajo... Un montón de dudas, de preguntas sin respuesta que me llevan a caer en el terrible y absurdo "y si hubiera hecho esto o lo otro"...
Y digo absurdo porque nunca lo sabré, jamás. Las oportunidades pasadas casi nunca vuelven y la vida es una constante elección. Decisiones definitivas que pueden a uno cambiarle todo para siempre y que la mayoría de las veces nos vemos obligados a tomar con rapidez, sin poder meditarlas, como un a cara o cruz, derecha o izquierda, blanco o negro...
Hay días en los que me gustaría que mi vida fuera diferente. Dejo volar la imaginación y me veo paseando por lugares exóticos o viviendo en una casita junto al mar o haciendo un trabajo que me haga sentir realizada, importante.
Hay días en los que siento nostalgia, añoro aquello que tuve y que dejé, aquellas personas que ya no están. Imagino lo que dirían si me vieran ahora, si estarían orgullosas de mí o pensarían que quizá podría haber elegido mejor.
Hay días en los que me gustaría abrir los ojos, despertar y ser todavía una niña, con todas las oportunidades del mundo por delante. Escuchar con atención todos aquellos consejos que en su momento rechacé tan alegremente y que ahora me doy cuenta que hubieran sido de gran utilidad, aunque por desgracia uno necesite hacerse mayor para entenderlo.
Hay días en los que lamento lamentarme, porque a base de decisiones, acertadas o no, me he convertido en quien soy, con cosas buenas y malas, pero dentro de todo con un resultado lo suficientemente positivo como para haber cumplido algunos sueños y tener otros muchos pendientes. Con un pasado de cosas perdidas y cosas ganadas, con un presente para mejorarlas y con un futuro repleto de oportunidades.
Hay días en los que me levanto con ese aire nostálgico y un tanto negativo que ayuda a reflexionar, aunque no por ello borra el buen momento que estoy viviendo ahora, con un nuevo trabajo, con grandes perspectivas que se van tejiendo en mi cabeza que de pronto ha despertado y bulle en ideas. Por eso ahora toca un periodo de transición en el que vivo el día a día esperando construir un futuro mejor.



Janton dijo
Cada nuevo día es el primer paso de un nuevo camino, si te lo planteas así.
Todos pasamos por experiencias como la que tan bien describes, por momentos de nostalgia, a veces dulce rememorando cosas buenas, a veces hasta angustiosa analizando lo que pudo haber sido y no fue.
No es malo eso, echar la vista atrás y pensar en el camino recorrido y las razones (o sinrazones) por las que elegimos tal o cual desvío en la encrucijada, pero solo si sirve para reflexionar, para aprender, para sacar alguna conclusión que nos sirva para mejorar en el futuro y no repetir errores del pasado.
La nostalgia enfermiza del "todo tiempo pasado fue mejor" es en cambio muy negativa, no nos deja avanzar, nos latra el progreso, no debe uno nunca recrearse en ella. He leído en alguna parte que uno es viejo cuando tiene más recuerdos que proyectos, aplícate el cuento!
Y tranquila, no sé cómo hubiera sido tu vida de elegir cosas distintas en esos momentos clave que son puntos de inflexión de nuestra vida y que casi siempre identificamos como tales solo cuando ya han pasado, pero lo que sé es que tienes aún toda una vida por delante, y que te tocará elegir de nuevo, y acertarás, o te equivocarás, pero seguirás viviendo, que es lo importante...
Un fuerte abrazo.
21 Julio 2009 | 01:08 PM