Siempre queremos aquello que no podemos tener
Conocí a mi amigo hará unos tres años y de la manera más casual. Aquella tarde había ido a un sitio que no solía frecuentar a menudo y además lo hice sin demasiadas ganas, pero a veces una se deja arrastrar por la gente casi sin darse cuenta.
El caso es que los dos, allí, parecíamos igual de fuera de lugar. Él se acercó, me saludó y empezamos a hablar. El tiempo se nos pasó sin darnos cuenta y descubrimos que teníamos una conexión total. Nos alegramos sinceramente de haber coincidido en una tarde que en principio parecía tan aburrida.
Desde entonces puede decirse que se ha convertido en mi mejor amigo, a pesar de que nuestra amistad no es de esas de toda la vida, nunca me había sentido tan compenetrada con otra persona.
No tardé demasiado en darme cuenta de que para mi amigo, nuestra relación, empezaba a convertirse en otra cosa, además él nunca hizo nada para ocultarlo. En más de una ocasión había insistido en que en vez de quedar para tomar algo, tuviéramos una cita formal. Nunca acepté, siempre quise ser simplemente su amiga.
Entre mi reciente caso con el de la cita desastrosa, esto y otras historias, empiezo a pensar que tengo algún tipo de problema para poder llegar a comprometerme con otra persona de manera seria, siempre me han ido más las relaciones informales, quizá porque nunca he conocido a la persona adecuada, no sé...
En fin, nuestra relación de amistad ha seguido funcionando igual de bien a pesar de sus repetidos intentos por llegar a mi corazón y mis constantes rechazos.
No es que no pudiera llegar a enamorarme de él, sino que valoraba demasiado nuestra amistad como para tentar a la suerte y poder estropearlo.
Eso de que las parejas se rompen pero los amigos son para siempre, yo me lo tomo muy en serio y con él no quería correr el riesgo de perderle.
A principios de este año le salió un trabajo fuera de Barcelona (no demasiado lejos pero sí lo suficiente para que hayamos estado prácticamente sin contacto) tal y como están las cosas no podía rechazarlo, así que se fue.
Volvió a finales de Mayo y quedamos para hablar. Me dijo que las cosas le iban muy bien allí, que se alegraba mucho de haber cogido el trabajo y que había conocido a una chica. Que tenía novia, vamos.
La verdad es que me sentó fatal. Podéis llamarme loca y lo que queráis, pero me dio una rabia... Sé que suena muy egoísta por mi parte, pero no puedo evitarlo, así es como me siento y lo confieso.
Yo que le había rechazado un montón de veces, me encuentro ahora imaginando lo que hubiera podido ser y cada vez estoy más convencida de que hubiera sido estupendo.
No me entiendo ni yo... Y es que siempre queremos aquello que no podemos tener. Hacía falta perder toda oportunidad para que yo me diera cuenta de que una historia de amor con mi amigo era posible.
Se va a quedar por aquí todo el verano y en septiembre se vuelve para allá a trabajar de nuevo, ya de manera fija.
Supongo que alguno de estos días me tocará conocer a la chica esta, miedo me da... Aún así, pondré mi mejor sonrisa y le desearé a mi amigo toda la felicidad del mundo, porque se la merece y lo último que necesita es que yo le venga con mis dudas respecto a lo nuestro. No me queda otra que aceptarlo y resignarme...









Janton dijo
Desgraciadamente es una historia relativamente habitual, nos dejamos llevar de las dudas, la indecisión nos aconseja mantener el status quo antes que lanzarnos a la aventura, dejamos pasar el tiempo y los trenes, perdemos oportunidades... Y un buen día ya es tarde para todo.
O no.
Porque esa es otra, que ahora mismo tenga novia no significa nada de cara al futuro, más allá de abrirte los ojos a tí.
En todo caso, lo complica.
Si me permites un consejo no muy ortodoxo, la próxima vez, lánzate de cabeza antes de comprobar si cubre el agua. Que a lo mejor te das un buen porrazo, sí, pero eso se cura con cuatro vendas y algo de yodo. Peor es darte cuenta que mientras tú dudabas se ha llenado la piscina...
8 Junio 2009 | 09:54 PM