El de la cita desastrosa... otra vez
Supongo que los que me leéis habitualmente recordaréis la cita que conté hace algunos días con aquel chico que me vio en la fiesta de una amiga y se empeñó en ir a cenar conmigo (podéis leerlo en el post "Una cita desastrosa").
Mi amiga me dijo que a la mañana siguiente de nuestra cita la llamó pidiéndole mi número de móvil y evidentemente no se lo dio ya que yo le había dicho con total rotundidad que si quería seguir siendo mi amiga mejor ni se le ocurriera hacerlo.
Pensé que con eso el chico se daría por aludido a pesar de que me dio la impresión de que a él la cita le pareció que había salido estupendamente.
Normalmente soy una persona bastante clara, sobretodo en temas como estos en los que no se puede dar lugar a malentendidos para no herir los sentimientos de nadie, pero ya que lo único que pensaba aquella noche era en huir de la situación y además me sentía atrapada en una especie de encerrona por parte de mi amiga, decidí dejarle a ella la responsabilidad de hacerle ver al chico que no estaba interesada. Pero a pesar de la negativa de darle mi teléfono se ve que no le quedó claro.
Estaba yo tranquilamente en casa por la tarde, cuando de repente llaman abajo. Contesté al telefonillo y me saludo el chico este. Me quedé alucinando.
No le habían dado mi móvil, pero se buscó la vida para dar con mi dirección, cosa que tampoco es tan complicada ya que con mi amiga la lianta, podemos saludarnos desde el balcón pues vivimos prácticamente una en frente de la otra y sé que él ha estado en su casa y probablemente a mi amiga se le haya escapado algo, así que usando un poco la lógica no le debió suponer mucho problema.
A pesar de que no me gustó nada la idea de tenerlo en mi casa, decidí que lo mejor era dar la cara para aclararle un par de cosas de una vez por todas.
Bajé abajo, al portal (no le iba a dejar entrar en casa) y le pregunté qué quería. Me dijo que ya que nuestra amiga en común no quería darle mi número, vino a buscarme en persona para invitarme a salir otra vez.
Por un lado me sentí alagada, no voy a negarlo. Es agradable que un hombre muestre interés y además tan sinceramente, pero a mí él no me gusta y sería absurdo repetir algo que no nos iba a llevar a ninguna parte y proponerle quedar como amigos hubiera sido una tontería, porque está claro que él amigo mío no quiere ser.
De todos modos, quizá os parecerá exagerado, me sentí un poco acosada. Eso de presentarse en casa, sin preguntar, por sorpresa, dando cosas por sentado y con una actitud como la que traía no me gustó nada y no estoy yo ahora mismo para lidiar con tipos obsesivos.
Así que a pesar de que me precio de ser sincera, en esta ocasión mentí sin remordimiento y le dije que había conocido a otra persona.
La verdad es que se le notó en la cara que le dolía, pero más le hubiera dolido que en uno de mis arranques le hubiera soltado que no volvería a salir con él ni que fuera el último hombre del planeta, así que afortunadamente se despidió y se marchó cabizbajo, espero que esta vez para siempre.
Quizá en el fondo no era mal tío, tal vez el día de nuestra cita estuviera nervioso y no se le ocurriera otra cosa que hacer un monólogo sobre sí mismo, pero no tenía ganas de repetir ni de crearle falsas esperanzas. Me parece que actué del modo correcto.
Hoy para terminar y aunque no me gusta el fútbol, siendo de Barcelona como soy y catalana al 100%, no puedo despedirme sin repetir eso que tanto suena por aquí de ¡Copa, Lliga i Champions! y que ¡Visca el Barça! que este año sin duda han sido los mejores.








Janton dijo
Pobrecito joer...
Yo tenía la (pequeña) esperanza que si le dabas una segunda oportunidad se luciera algo más que en la primera cita (Que también se "lució" pero en el mal sentido...)
En fin, como decía el torero, lo que no pué ser no pué ser y además es imposible...
28 Mayo 2009 | 09:02 PM