Realidad
Una mañana gris Erika se despertó (Erika soy yo, aunque hable en tercera persona y no sea ese mi verdadero nombre, sólo el que uso aquí) y como si le hubieran lanzado un vaso de agua fría a la cara, descubrió que la vida no era de color de rosa, que la mayoría de los sueños no se cumplen, que la palabra conformismo adquiría un nuevo y mayor significado y que la gente estaba dispuesta a pisar a quien fuera, aunque no le conociera de nada, con tal de conseguir sus objetivos.
La realidad la golpeó de pronto y aunque sabía que no descubría nada nuevo, entendió que cada uno abre los ojos cuando le llega el momento.
Ella había sido una chica alegre y tremendamente ingenua. Siempre estaba riendo, pasándolo bien y rodeada de amigos.
Un día se prometió que en esta vida iba a probarlo todo ¡y la de cosas que probó!, aunque por suerte recuperó la cordura (o dejó atrás la adolescencia) antes de cometer demasiadas locuras.
Era también muy confiada y si alguien le decía que "pasara por aquí", ella lo hacía sin dudar, valiente y estúpidamente, así que no es de extrañar que equivocara muchos caminos, pero en cierto modo se alegra de ello, porque a base de errores aprendió muchas cosas.
Ahora el recelo ha sustituido a la confianza y le gusta llamarse a si misma precavida, a veces incluso en extremo. Así se ha ahorrado muchos tropiezos en el camino, pero en el fondo sabe que también se ha perdido más de una alegría.
Hace algún tiempo descolgó de su armario el disfraz de fría indiferencia, se lo probó y no volvió a quitárselo, quizá porque es más fácil aparentar un corazón de piedra que enfrentarse a sus propios sentimientos, a sus miedos y a sus debilidades, además le gusta demasiado el efecto que causa en los demás. Se ha ganado un respeto y una seguridad que de otra manera no hubiera sabido cómo conseguir,
pero detrás de todo ello, bajo esa disfraz demasiado gastado, que aunque la asuste empieza a resquebrajarse, se esconde una mujer frágil que no sabe expresar sus sentimientos.
En la vida le han hecho daño, aunque también le han pasado cosas buenas. Ha amado y la han amado. Ha odiado con todas sus fuerzas y quizá alguien también la ha odiado a ella, pero poco a poco se ha dado cuenta de que el odio, aunque muchas veces le ha dado una razón para seguir luchando, es un sentimiento tremendamente destructivo.
Ha reído y también ha llorado, pero siempre en la intimidad, porque está convencida de que las lágrimas la convierten en un ser vulnerable y eso es lo último que quiere.
Nunca le ha gustado que la compadezcan y siempre ha querido hacer las cosas por si misma, aunque muchas veces, por más que le costara un enorme esfuerzo, ha pedido ayuda.
Ahora se siente estancada. Sabe más que antes pero es consciente de que le queda muchísimo por aprender.
En el fondo le gustaría recuperar esa brizna de inocencia que aún lleva dentro, ser un poco más como era antes y un poco menos de lo que es ahora, pero le cuesta mucho, quizá porque le hace falta encontrar ese algo o ese alguien que la ayude a volver a sonreír.
A Erika no le gusta arrepentirse de nada, porque cada paso que ha dado la ha hecho como es hoy, aunque algunas cosas, con el tiempo y más experiencia, puedan mejorarse.
Pero si alguna cosa tiene clara Erika, de la que se siente muy orgullosa, es que siempre ha hecho lo que le ha dado la gana y que sus errores, pero también sus logros, le pertenecen sólo a ella.






Ra dijo
Todos vamos por la vida con un disfraz que mostramos a los demas para protegernos, lo bueno es saber cuando y con quien quitartelo. Es logico que te sientas orgullosa de tus logros y fracasos, son tuyos y han hecho que seas como eres, ademas todos te hen enseñado algo para no volver a caer en los mismo o parecdidos errores.
Un besazo
5 Noviembre 2008 | 04:02 PM